Ahrab // Huida // Escape

 
Tres veces he tenido que darme a la fuga porque mi integridad peligraba.

La primera vez fue cuando me casaron, tenía 13 años y lo hicieron según una antigua, por fortuna, costumbre nuestra. Yo no me quería casar pero mi familia me decía que tenía que casarme con ese hombre. Mis hermanos mayores no estaban de acuerdo pero mi padre y mi madre mandaban en casa. Me acuerdo que la noche de bodas me vistieron con una melfa blanca y otra negra y entre dos me llevaron a la fuerza a la puerta de otra jaima. Yo iba llorando y gritando que no quería. Cuando él llegó me cogió fuerte. Yo me quería soltar y protestaba mucho pero no me hacía caso. Y vino mucha gente y cantaban canciones y cuando me dejaron con él yo me puse a llorar y a llorar. En cuanto aflojó la mano me escapé y yo salí corriendo a mi jaima. Él tenía unos 25 años.

Cuando llegué a la jaima mi madre me preguntó por qué me había ido. Le contesté que no me gustaba. Y ella siguió: pero Mariem, si es un buen hombre. Si él venia a mi jaima, yo salía corriendo a una de mis hermanos y no dejaba que me viera. Y así estuve tres años, hasta que mis hermanos le pagaron un dinero para que me diera la carta del divorcio. Fue cuatro o cinco días antes de salir del Sáhara.


La segunda vez fue en Smara. Soltaron a algunos presos saharauis que estaban detenidos por los españoles y se montó una fiesta a la que acudí. En esa fiesta fue la primera vez que yo vi una guitarra que la tocaba un chico. Y yo canté y vino la policía de España con porras y todos salimos corriendo. Yo salí por una ventana. Tenía 15 años.

La tercera vez fue la más dramática. La más dura para mí y todo mi pueblo. Yo no vi la marcha verde pero sí escuchaba que mis hermanos decían que la marcha verde iba a entrar mañana o pasado mañana. Estaban muy atentos a la radio. Veíamos que pasaban grupos huyendo por donde estábamos. Una noche mis hermanos dijeron que nos íbamos, que nos llevábamos las jaimas; las cuatro, porque estaban mis tíos y mi hermana mayor. Y también el agua y la comida. Todo, en dos coches que tenían mis hermanos. Los demás salimos andando con el ganado. Toda la noche andando, hasta que al amanecer llegamos a un río y allí nos quedamos esperando que se volviera a hacer de noche. Entonces llegaron mis hermanos con los coches. De día no se movía nadie, teníamos mucho miedo. No queríamos ver a los marroquíes. Escuchábamos sus bombas, bum, bum, bum, por el norte, cerca de Smara y de Hausa. Yo tenía 17 años. Subimos en los coches, en uno las cabras y en otro las personas, y nos fuimos a Wad Mheiriz, y nos quedamos allí 20 días, hasta que llegó una caravana argelina con comida, ropa y medicamentos. Nos cambiaron hacia Tifariti porque los aviones marroquíes estaban bombardeando Um Draiga y había muchos muertos y heridos. En Tifariti nos quedamos dos días. Yo hice, como las demás, una jaima con mi melfa, para proteger a los niños del sol. Pero no valía ni para el frío ni para la lluvia. Otros hicieron pequeños hoyos junto a los árboles, para protegerse. A los dos días salí en una caravana que nos llevó a Rabuni. Se quedó mucha gente esperando. Al irnos los aviones marroquíes empezaron a bombardearnos. Cuando llegamos a Rabuni la caravana volvió a por más refugiados.

My integrity has forced me to run away from my life three times.

The first time I was just 13 years old when I was forced to marry because of an ancient custom of our culture. I didn’t want to get married but my family told me I had to marry this man. My older brothers didn’t like the idea, but my mother and father had the final word in our house. I remember that on our wedding night they dressed me a white melfa and a black melfa and they needed two people to bring me to the door of the other jaima (tent) because I was crying and screaming in such defiance. When I arrived at his home, he grabbed me forcefully. I struggled against him, trying to run away but he ignored my protests. Many people came, they were singing songs and then left me alone with him. I began to cry and cry. As soon as he released his grip on me I bolted away, running to my family’s jaima. He was 25 years old.

When I got home my mother asked me why I had run away. I told her that I didn't like that man. She told me: “Mariem he is a good man.” But when he came to my parent’s tent I ran away and hided at one of my brothers' tent. I continued on like this, from one family member to another for almost three years until my brothers finally paid him to allow us to get a divorce. This was just four or five days before we had to leave the Sahara.

The second time was in Smara. They had released some Western Saharawi prisoners who’d been arrested by the Spanish. I joined the big celebration party. This was the first time I’d seen a guitar. A boy was playing it and I was singing. The Spanish police came with nightsticks in hand so we all ran as fast as we could. I jumped out the window. I was 15 years old.

The third time was much more dramatic. It was the most difficult moment for me and my people ever have been through. I didn’t see the “Green March” but I heard my brother’s saying the Morrocan troops would come either tomorrow or the day after. They were glued to the radio. We saw group after group fleeing. One night my brothers told me we had to pack up our jaimas - there were four tents altogether, including my uncles and my older sister - we also packed water and food all into my brother’s two cars. The rest of us begin the escape on foot with all of our livestock. We walked all through the night until sunrise met us at a river. There we waited until nightfall to hide from danger. At that point my brothers arrived in their cars. During the day nobody could move. We were petrified that the Morrocans would spot us. We could hear the bombs, bum, bum, bum, to the north, near the towns of Smara and Hausa. I was 17 years old. We packed the goats into one car and the family squeezed into another and we set out for Wad Mheiriz. There we waited for 20 days and 20 nights until an Algerian truck came to bring us food, medicine and clothing. From there we were taken to Tifariti because the Morrocan airforce continued bombing and in Um Draiga many people had been wounded and killed. We waiting in Tifariti for 2 days. I did what all of the others did, making my melfa into a sort of tent to protect the little ones from the sun. This was worth little to protect them from the cold of the night and the pouring rain. Others dug pits next to the trees to protect themselves. After two long days another truck came and brought us to Rabuni, leaving many of our people behind us waiting. As soon as we left the Morrocan airforce began dropping more bombs. Getting out in Rabuni the truck immediately headed back from where we had come to collect more refugees.